¿La Iglesia o el Fútbol? – (Solo para líderes)

El domingo pasado sucedió algo en las iglesias en México que no recuerdo haber vivido antes. La selección Mexicana de Fútbol jugaría a la misma hora de la mayoría de las reuniones dominicales. “¿Qué hacer?” Se preguntaban algunos pastores. Y en realidad, no había opción. Tenían que decidir. ¿Cambiamos la reunión?” “¿Pasamos el partido?” Preguntas honestas y congruentes con la cultura.

Algunos de ellos decidieron mover de horario sus reuniones para darle la libertad de ver el partido al que quisiera hacerlo. Sin pecado y sin condenación. No conozco a ninguno que haya suspendido su reunión. Al contrario. Trataron de acoplarse a lo que la situación ameritaba.

Otros buscaron los mejores versículos que encontraron para justificar el no mover nada, poniendo a la congregación entre la espada y la pared: o escogen a Dios o el partido de la selección nacional. No hubo opción. La gente también tuvo que decidir.

Hace muchos años invite a un amigo mío, que no era cristiano en ese momento, a una reunión donde estaría un pastor muy conocido de Sudamérica como invitado.

Mi amigo accedió a ir después de mucho insistirle. El lugar era una congregación mediana, de unas 350 personas en el corazón de Texas. Todo iba bien en la reunión… hasta que le dieron el lugar el pastor.

El pastor pidió que se quedara la música cuando tomo el lugar. Comenzó a pedir que tocaran mientras él hablaba. En realidad no se como explicarlo o como llegamos a ese punto pero el pastor comenzó a pedir que todo mundo “brincara para Cristo”. No era un grupo de jóvenes. Había adultos y personas de la tercera edad.

Como es normal (al menos en mi mundo), no todo mundo brinco. Al ver que algunos no lo hacían el pastor dijo “El que no brinque no es Cristiano”. Como podrás imaginar, con la presión publica de “ser o no ser cristiano” los que faltaban de brincar comenzaron a hacerlo al ritmo de la música. (Parecía una loquera… jejeje).

Mi amigo, quien iba por primera vez, se sintió incomodo. Al saber que era su primera vez ahí y que yo lo había invitado, yo también me sentí incomodo. Me acuerdo que me volteo a ver con ojos de “¿Qué esta pasando?” Su reacción me pareció comprensible. Nuestros asientos estaban cerca de la plataforma. Mientras la música tocaba el pastor volteo y vio a mi amigo. Al verlo que no brincaba, le hacia señas de que lo hiciera. Fue incomodo. Mi amigo se veía nervioso. Yo también me puse nervioso. Comenzó a sudar. Yo comencé a sudar con él. En medio de su nerviosismo y su incomodidad tomo la decisión y se salió de la reunión. Yo me fui detrás de él. Nunca regreso a esa iglesia.

Es obvio que brincar no salva a nadie o no es una señal de nada. Lo que hizo este pastor fue elevar algo sin chiste o sin valor, como brincar, a un nivel de salvación.

Creo que de igual manera, de una manera inconsciente quizás, eso sucedió el domingo: o Dios o el partido de la selección en el mundial. Se elevo el ver el partido a una situación espiritual.

El domingo pasado no era solamente futbol. Algo sucede cada cuatro años cuando México juega en el mundial. Hay una capa muy delgada, como una red que une a todo un pueblo en sus emociones. Incluso a aquellos que no saben nada de futbol y que por lo regular no están preocupados por ello, de los cuales me incluyo. No estoy hablando de los cristianos. Estoy hablando de los mexicanos. Y no solo de los mexicanos, sino que esto sucede en casi todo el mundo.

Mi amigo Ben (El cual pueden ver en este video), estaba en Inglaterra la semana pasada. Hablamos por teléfono y me comento que el sentimiento general del pais era de tristeza después de que los eliminaron. Conozco el sentimiento.

Quizás no estés de acuerdo con que todo el mundo tenga su corazón en ello. Quizás piensas que la gente se debería de preocupar por otras cosas mas importantes en lugar de estar viendo el mundial. Y quizás tengas razón. La realidad es, que no importa que lo pienses, la cultura piensa otra cosa.

Hace tiempo leí un articulo que me dejo pensando. Se llamaba “La Cultura se come la Estrategia”. Hablaba acerca de que cuando tienes un plan y no tomas en cuenta la cultura, el plan termina fracasando. Es por eso que no tenemos nuestras reuniones principales los miércoles a las 12 de la noche. Las probabilidades de que la mayoría de la gente vaya son mínimas. La cultura dicta no ir. Las probabilidades de que la gente vaya en domingo en la mañana a la iglesia (a cualquier iglesia), son exponenciales. Eso esta comprobado.

Si nuestro plan es que aquellos que no conocen de Cristo lo hagan y a la vez no tomamos en cuenta la cultura, estaremos muy lejos de cumplir con nuestro llamado.

Mas que ganar un mundial, me interesa ganar a México.

 

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